Javier Bassi
Estudia con Pierre Fossey (1976), José Montes (1984), en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo UdelaR (1985-1992) y en la Escuela Nacional de Bellas Artes (1997) en Montevideo. En 1993 viaja a México, Estados Unidos, Europa y el Norte de África, y es becado por el United States Program en Nueva York y Boston. En Nueva York se reencuentra con Gonzalo Fonseca. En 1995 es invitado a un workshop con Rubens Gerchman.
En 1996 recibe el Prix Paul Cézanne del Ministère des Affaires Etrangères y trabaja en el Atelier
Alraune, en Rezé, asistido por el Musée des Beaux Arts de Nantes. De Francia se traslada a Nueva York y realiza pinturas y objetos monumentales en el José Morales Studio, en Manhattan, lugar a donde regresa en 2000 y 2004.
Participa de trabajos grupales y residencias en Amsterdam, Nantes, Nueva York, Cuenca y Montevideo.
Expone desde 1990, 27 individuales y más de 160 colectivas en 30 países. Representa a Uruguay
en la V Bienal Internacional de Pintura de Cuenca, Ecuador; la I Bienal de Artes Visuais do Mercosul, Porto
Alegre, Brasil; la VII Bienal de la Habana, Cuba y la II Bienal Internacional de Montevideo.
Obtuvo los premios en arte más importantes de su país, entre otros: Primeros Premios en: VI Muestra Nacional de Plásticos Jóvenes (1994), Prix Paul Cézanne (1996), Salón Ministerio de Relaciones Exteriores (1997), Salón Municipal (1998), 50 Salón Nacional (2002), Concurso Mural del Bicentenario (2011) y Grandes Premios en: Salón Centenario del BROU (1996), I Bienal de Mosca (1999) y VIII Bienal de Salto (2000).
Fue invitado a inaugurar junto a obras de Pedro Figari el MUVA con una exposición individual permanente
(1997). Recibió el Niveau Award en la III Mail Art Biennale de Debrecen, Hungría (2010) y el Fondo de creación FEFCA de la Dirección Nacional de Cultura del MEC, Montevideo. (2012-2014). Entre sus exposiciones más recientes encuentran: Museo Juan Manuel Blanes de Montevideo, el Art Museum of the Americas de Washington, el Museo Arqueológico de Cartagena, España, SP-Arte con Galería de las Misiones en San Pablo, Brasil y el Museo de las Ciencias de la UNAM en Ciudad de México. Desarrolla su obra en pinturas, objetos, instalaciones, experimentaciones sonoras, intervenciones urbanas, libros de artista textos y diversas actividades relacionadas al arte y pensamiento contemporáneo. Forma parte del acervo de numerosos museos y colecciones particulares.
Entre ellas destacan: la Colección Institucional del BID y la National Gallery en Washington; el SKD
| Kupferstich-Kabinett Museum de Dresde, Alemania; el FluxMuseum de Texas; y, en Uruguay, el Museo Juan Manuel Blanes
y el Museo Nacional de Artes Visuales.
TRES MIRADAS EN DIÁLOGO
“El arte debe fundarse en una estructura; la estructura es la geometría” Joaquín Torres García, Universalismo Constructivo, 1944. La exposición se inscribe en una tradición central del arte uruguayo, donde la geometría no es solo un recurso formal, sino un lenguaje capaz de articular pensamiento, experiencia y sentido.
La muestra reúne tres artistas contemporáneos, Javier Bassi, Judith Estela Britez Di Sano y Lizzy Magariños, cuyas trayectorias, aunque diversas, convergen en una misma inquietud: explorar las posibilidades del lenguaje geométrico como espacio de creación.
El legado torresgarciano no aparece aquí como una referencia literal, sino como un punto en común que comparten los tres artistas. La idea de que la geometría puede ser un lenguaje espiritual, que la estructura puede contener significado y que la obra de arte puede funcionar como un campo de relaciones entre materia, signo y pensamiento, atraviesa de diferentes maneras las propuestas de los artistas reunidos en esta exposición.
En este contexto, la obra de Javier Bassi ocupa un lugar central.
Su práctica, desarrollada a lo largo de décadas con estudios académicos y estadías en diferentes países, se caracteriza por una investigación rigurosa sobre la relación entre forma, silencio y pensamiento.
A través de una reducción cromática extrema donde el negro destaca sobre las superficies blancas o amarillas, sus trabajos desplazan la atención hacia la materialidad del soporte y la organización espacial.
Con el uso del negro sobre superficies claras nacen estructuras en las que el pigmento oscuro se retira y como resultado el gris que percibimos no proviene de una mezcla de color, sino de un efecto óptico producido por la relación entre la trama negra, el soporte y la distancia de la mirada. En este juego entre presencia y ausencia, la obra se convierte en un campo de tensiones entre orden y azar, memoria y experiencia.
Giulia Ampollini
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